Para entender por qué la BBK se metió en la aventura del desmantelamiento de la Residencia de Reina de la Paz, a sabiendas de que le iba a costar un importante desgaste en su imagen de caja social, hay que ir al fondo de la cuestión:
La BBK lleva desde el año 1990, año de la fusión de las cajas Vizcaína y la Municipal, haciendo todo lo posible para desprenderse de su Obra Social propia. Como dato, baste significar que en el año 1990 la plantilla de la OBS propia pasaba de las 800 personas y en la actualidad tiene 250. Esto le supone a la BBK unos gastos fijos que no quiere “soportar”, y con el beneplácito y las bendiciones del Banco de España y de mucho politiquillo neoliberal, va a hacer lo que haga falta para liquidar lo que ha sido su “santo y seña” como han hecho en la Kutxa o la Vital por citar un par de ejemplos.
En el caso que nos ocupa, la Residencia Reina de la Paz, no olvidemos también que buscaban favorecer los intereses de sus amigos empresarios del llamado tercer sector y del partido (PNV) que habían montado varias residencias y las tenían prácticamente vacías. En Reina de la Paz vivían 325 residentes.
El desmantelamiento de la residencia supuso la amortización y la desaparición de casi 200 empleos. Las más perjudicadas: las trabajadoras de varias subcontratas que se quedaron en el paro. Y dicho sea de paso, gracias a la colaboración de algunos sindicatos que se preocuparon mucho de recolocar a sus afiliadas fijas en sitios “cómodos” haciendo un alarde de clientelismo y de trapicheo con la dirección de la caja y, a cambio, renunciaron a la denuncia y a la respuesta reivindicativa.
Muchos y muchas de usuarios de Reina de la Paz han ido peregrinando sin ningún éxito por varias residencias privadas buscando la calidad de servicio a la que estaban acostumbrados. Ni que decir tiene que en Reina de la Paz se daban unos ratios de calidad y servicio que no tienen nada que ver con la racanería de la iniciativa privada.
Habría que indicar también que muchos de los residentes han ido falleciendo. Y a este paso, dentro de 3, 4 ó 5 años, cuando la BBK dé un uso a lo que se haga, no van a quedar nada más que unas docenas de antiguos residentes. Además, y en cuanto a la vuelta de las trabajadoras que eran de la plantilla de BBK, estarán casi todas jubiladas. O sea, que lo que la caja vendió no deja de ser un cuento chino.
Hoy día, a la Dirección de la BBK este asunto le quema. No tienen todavía definido un proyecto; lo que hacen es ir toreando la situación. Como se les ha instado a que se decidan, han pedido ya formalmente permiso para la demolición, pero han llegado a hablar de 5 alternativas. Lo que sí es cierto es que están agobiados con el coste que se puede disparar hasta los 50 millones de € o más.
La BBK tiene clarísimo que lo que se construya finalmente no formará parte de la OBS propia y lo gestionará algún amiguete (léase Cáritas o similar; lo mismo que hicieron con la residencia de Portu-Aspaldiko). Esto es lo que llaman Obra en colaboración; es decir, la BBK da dinero en función de sus criterios (resultados del ejercicio o conveniencia), pero no tiene compromisos fijos.
Y volvemos al hilo de lo escrito al principio: la BBK y todas las cajas son cada vez más parecidas a los bancos y, en el momento que les autoricen y les convenga emitir cuotas participativas con poder en los órganos de gobierno, se convertirán en sociedades anónimas (así ha sido en Italia, Inglaterra…) y se acabó la Obra Social.
Por último, habría que debatir alguna vez si las cajas de ahorros deben suplir a las instituciones haciendo este tipo de obra social (guarderías, clubes de jubilados, residencias para la tercera edad, etc.), o más bien tendrían que dedicarse a dar créditos preferenciales para los colectivos más desfavorecidos y para el desarrollo del tejido productivo: a la pequeña y mediana empresa, a la investigación y el desarrollo, a la educación…
También habrá que tener en cuenta que las Cajas, al no ser sociedades anónimas, no pueden hacer ampliaciones de capital, por lo cual dependen de los beneficios para tener mayor respaldo patrimonial y de paso más solvencia, pero lo que no vamos a consentir es que la BBK se deshaga de las trabajadoras y trabajadores de la OBS propia de mala manera. No estamos ni estaremos nunca a favor de la privatización de las entidades de ahorro, sino todo lo contrario: pedimos el mayor control público en los órganos de gobierno.